jueves, 3 de julio de 2008

Adilia Méndez, la bolerista

Francisco Gutiérrez Barreto
END - 20:33 - 23/05/2008

Estoy involucrado en un proyecto sobre el bolero en Nicaragua, género musical del amor que por décadas nos hizo soñar y también bailar. Ello me ha llevado a conversar con varios artistas involucrados, y di con Adilia Méndez, la bolerista icono de una época, aquella de los famosos Solistas del Terraza. Pero, ¿quién es Adilia? Es la pregunta obligada de las actuales generaciones. Con este escrito pretendo contestarles, para contribuir un tanto a nuestro acervo cultural.

Adilia tiene una historia interesante que comienza cuando niña, en su casa del barrio granadino de Cuiscoma, donde nació el 22 de agosto de 1931, cantaba como lo hacía el resto de su familia, pues asegura derivar de estirpe artística, y sin pensar algún día lo haría profesionalmente. Adolescente se trasladó a Managua en busca de futuro, pues las condiciones económicas no le permitieron continuar sus estudios en Granada y necesitaba producir.

En Managua se casó, tuvo tres hijas, mientras trabajaba de modista para la tienda Los Gemelos. Fabricaba pantalones finos de mujer en un taller que colindaba con la casa de la luego esposa del cantante matagalpino, Pancho López. Su maña de cantar imitando a las célebres boleristas mexicanas: María Luisa Landín y María Victoria, mientras laboraba, hizo que fuera escuchada por Pancho a través de la tapia divisoria, quien intrigado pidió conocerla.

Pancho tenía una pequeña orquesta que hacía circuito por los cines de ciudades y pueblos del país. Adilia, quien tenía un estatuesco cuerpo, pronto se convirtió en estrella entonando sus boleritos costureros como el famoso “Mil besos” de María Victoria, “El botecito de vela”, “Quién será”, más otro de María Luisa Landín. Y fue aprendiendo los trucos de la profesión hasta sentirse consolidada con un más amplio repertorio.

Cuenta que también pasó malos momentos, como el sucedido en un cine de Masaya, cuando alguien gritó que cantara de espaldas para admirar además de su voz el hermoso y delineado trasero. Entonces realizó que era figura en la farándula nacional. Tenía 28 años, más su propio estilo de cantar. Y vinieron los contratos de solista con el pianista Sydney Watson, en el Gran Hotel, y un largo etcétera en sitios como el Ambassador y el Nite Club París.

Apareció entonces Manuel Mojica, que con su piano la acompañaba. Un día fueron contratados por el Club Terraza para entretener un almuerzo. El Terraza necesitaba de un conjunto fijo para amenizar bailes privados de los socios y tertulias regulares. Surgió la charla para la formación del grupo que desde el principio se llamó Los Solistas del Terraza, con ellos dos de pioneros.

¿Por qué eso de solistas? Pues una vez acoplados, al inicio del baile, cada músico hacía galas de sus cualidades con solos. El contrabajista efectuaba piruetas hasta en el piso, tocando su instrumento a como hacía Bubú Vázquez con la primera Sonora Matancera; Mojica retumbaba el órgano; Lorenzana maravillaba con el piano y sus manos; Arnulfo Zamora y el güiro hasta entre las piernas daba giros; Yangua, con los timbalitos, los hacía repicar con toques y tonalidades diferentes y así… hasta completar el show cundido de aplausos por las destrezas y maestrías individuales de los integrantes.

¿Por qué del Terraza? El nombre, por la exclusividad. Aunque después, más flexible el Club, permitió tocaran en cualquier sitio, siempre y cuando no los necesitaran…Y Adilia allí. Surgieron las grabaciones discográficas y todas exitosas, por ejemplo: “Aunque quiera olvidarte”, por Orlando Flores Ponce; “Tenía que ser tú”, de Carlos Ramón Bermúdez; “Quiéreme mucho corazón”, por Víctor M. Leyva, y “Amarga vanidad”, de Noel Pallais Debayle. Ella, no olvida sus cantares.

Gozó de la gloria, hasta cuando Manuel decidió probar con una orquesta de 18 músicos y no le fue bien. Hacia 1970 pasó a la historia. Adilia, con 39 años, dejó por igual las tablas, y hoy vive modestamente pero con mucho garbo y dignidad en un barrio de Managua. Yo siempre la visito y recordamos aquellas parrandas del Terraza, y las Terrazas Cocibolca y La Playa, a orillas del Gran Lago de Nicaragua. Lo mejor: Adilia a sus 77 años aún entona y no desafina. ¡Qué grande eres, curvilínea botellita de Coca Cola!